Alimento Para Pensar 

¡OTRO LADO DE LA SANTIDAD! La salud es algo que todos debemos cuidar. Ser espiritual incluye cuidar el cuerpo que Dios nos ha dado. Los vasos de honra donde habita el Espíritu del Eterno Dios deben ser separados en total SALUD para la longanimidad ministerial. Esto también es parte de nuestra SANTIDAD.

Pastor Frank Picón 

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Te Esperamos en el 1840 N Goldenrod Road, Orlando 32807.  Domingos 2:00pm y Martes a las 7:15 pm. Para más información 407. 461 . 2286  Pastores Frank & Lourdes Picón 

 
 

¿Quién defenderá la fe ante el que nos pida razón de nuestra esperanza?

 

lca-00003Desde que nacemos, los seres humanos se encuentran defendiéndose o defendiendo algo u alguien. Nuestros hermanos, familiares, amigos, etc. Nos convertimos en defensores de equipos deportivos, partidos políticos, acciones tomadas, posiciones políticas y sociales, etc. Algo en la vida hemos defendido con ardor y fervor.


Hoy quiero hablar acerca de ser un defensor de nuestra fe. ¿Qué postura, debe tomar un creyente, cuando se trata de defender su creencia ante cualquier influencia, filosofía o sistema humano que ataca el glorioso evangelio de Jesucristo?

 

De la misma forma que la libertad está siendo atacada a través del mundo y nuestro país, nuestra fe está siendo atacada. De la misma forma que la libre expresión y los derechos humanos están siendo atacados, igual nuestra fe está siendo atacada. Esto no es nuevo. La fe ha sido atacada desde la desgracia del Edén cuando miramos la semilla corruptible lanzar una ofensiva malévola contra la semilla incorruptible.  Miremos lo que el apóstol Pedro tuvo que decir en su primera carta a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.

 

Entiéndase que los del Camino – los creyentes, especialmente los judíos que habían recibido a Jesus como el Mesías – habían sido esparcidos a otras provincias romanas a consecuencia de la intensa persecución del rey Herodes. Pero el rey Herodes muere y comienza la persecución bajo el reinado de Nerón. Esta gran persecución ahora se extiende más allá de las fronteras de Judá, cuando quema a Roma y culpa a los cristianos del incendio, iniciando así la gran persecución de los hijos de Dios profetizada en Mateo 24. En medio de esta gran persecución, el apóstol Pedro escribe esta carta llena de aliento y consuelo para los santos que vivieron, dicho martirio. El año es el 64 d.C., faltan 6 años para el justo juicio de Dios descienda sobre Jerusalén y el templo sea destruido.


1 Pedro 3:14 “Más también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia (lo correcto), bienaventurados (dichosos) sois. Por tanto, no os amedrentéis (no tengan temor, no se alarmen) por temor de ellos, ni os conturbéis (agiten, turban, alboroten), 15 sino santificad (venerar) a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar DEFENSA con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 16 teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo”

 

Estos tiempos en que vivieron estos bendecidos de Dios, fueron tiempos fuertes. Como he enseñado anteriormente, ellos sufrieron rechazos tanto de sus compatriotas judíos por su nueva fe en Cristo, como por los romanos. Ellos no tuvieron a quien tornarse sino a Dios. Su fe, su creencia era su todo. Esto les estaba costando padecimientos y sus vidas. Sin embargo, la palabra de aliento fue “bienaventurados son”. Se acercaba el fin del siglo, una generación, una era, de un sistema religioso para ellos, anclado en la Ley de Moisés. Se acercaba la destrucción de en una ciudad física que ante los ojos de Dios estaba siendo considerada como la gran ramera. Se acercaba la destrucción de un templo hecho por manos de hombres, cuya gloria había terminado porque este templo era ahora Cristo y la Iglesia, un templo de carácter espiritual. El tiempo de la vigencia del reino de los cielos había llegado no sólo a Israel sino a todo el mundo, y los opositores del reino de los cielos estaban revolcados en contra de los bendecidos del Dios todo poderoso.  Y en medio de estas realidades y del cumplimiento apocalíptico de las profecías de Jesús, Pedro saca su pluma y escribe esta carta diciendo: “bienaventurados sois”.  Qué ejemplo de perseverancia nos dejaron los bendecidos del primer siglo.

 

En este escrito, Pedro sigue exhortando a “estar siempre preparados para presentar DEFENSA con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” ¡Wow! El les exhorta, mientras te persigan, te critiquen, te traten como loco, fanático, bobo. Que te torturen, o hasta que te maten por tu fe; defiéndela con mansedumbre y reverencia. ¡Wow! El les anima, con el sable en la garganta, o entendiendo que serás lanzado ante leones hambrientos para ser desgarrado y devorado como plato principal por tu fe; defiéndela con mansedumbre y reverencia dando razón de la esperanza que hay en vosotros.  El escenario no fue fácil, las condiciones sangrientas, sus verdugos fríos y calculados, pero su fe; su fe no era negociable.

 

Te pregunto: ¿cuál fue su fe, cuáles fueron sus creencias? Pues, son exactamente las mismas que las nuestras. Las mismas que se nos han iluminado soberanamente por amor y gracia.  El apóstol Pablo nos enseña en Efesios 4:5 que nuestra fe una es. Cuando un bendecido es llevado a convicción de esta fe por el Espíritu, la defiende a todo costo.

 

La palabra que utiliza el apóstol Pedro en su escrito para “defensa” es “apología” en griego. Presentar una declaración, una apología, un discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo. Ese alguien es Cristo, la esperanza de gloria. Como dijo Pablo a los colosenses (1:26-27): “El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”

Al que demande una apología, una razón de nuestra fe, hay que responderle en mansedumbre: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). No podemos comprometer, negociar ni abandonar nuestra fe en momentos fuertes, difíciles o de persecución. Al contrario, debemos mirar ese momento como una puerta abierta, una cita divina, una plataforma o foro para a dar a conocer este glorioso evangelio de Jesucristo. Miremos a Pablo en su defensa del evangelio: Hechos 25

 

Hechos 25:1 “1 Llegado, pues, Festo a la provincia, subió de Cesarea a Jerusalén tres días después. 2 Y los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron, 3 pidiendo contra él, como gracia,  que le hiciese traer a Jerusalén; preparando ellos una celada para matarle en el camino. 6 Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días, venido a Cesarea, al siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que fuese traído Pablo. 7 Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar; 8 alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. 9  Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí? 10  Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. 11 Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo. 12  Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás. 18 Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba, 19 sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo (esta es la defensa: Jesús, quien murió y resucitó para reconciliarnos con Dios). 22 Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese hombre. Y él le dijo: Mañana le oirás. 26:1  Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces,  extendiendo la mano, comenzó así su defensa: 2  Me tengo por dichoso (bienaventurado), oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. 3  Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia. 4  Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; 5  los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo. 6 Y ahora,  por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; 7  promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. 24  Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. 25  Más él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura. 26  Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. 27 ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. 28  Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano. 29 Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas! 30 Cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos; 31  y cuando se retiraron aparte,  hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre”

 

No debemos temer ante el ataque de una maestra de escuela, profesor de clase, supervisor de trabajo, patrón, oficial público del gobierno, o algún grupo humanista con una agenda secular.

 

Hay que defender nuestra fe ante cualquiera persona, sistema o situación. El no asumir esta gran responsabilidad, resultará que esta gran nación (EEUU) sea privada del fundamento más precioso que la vio nacer más de 200 años atrás; Cristo y la libertad que poseerlo trae. No temas Iglesia. Estás respaldada por la Palabra de Dios, y por una libertad de expresión garantizada por la constitución de este país. En nuestra nación, la persecución no es de espada, sino intelectual. Es una persecución de conocimientos. El conocimiento de Dios, versus el conocimiento del hombre. Nosotros representamos el de Dios y Dios, siempre gana.

 


Frank Picón

Ministro del Evangelio de Jesucristo y Pastor de La Casa de Adoración

(407) 461-2286

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En medio de su persecución, optaron por NO negociar su Fe.

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